“Por Chihuahua, siempre listo”: César Jáuregui
En 2027 se renuevan todos los cargos de elección popular en Chihuahua, sin duda, uno de los más significativos es la presidencia municipal de la capital del estado, por eso aquí les presentamos una interesante entrevista con el más fuerte aspirante a esa posición, el ex Fiscal General del Estado, César Jáuregui Moreno, una extensa charla que nos permitirá conocerlo mejor, no solo al político sino al ser humano que es.
SE: César Gustavo Jáuregui Moreno nació en 1966, el hombre, el ciudadano; pero César Jáuregui, el político, ¿cuándo nace?
CJM. El político no nace el día que uno ocupa un cargo. Nace mucho antes.
En mi caso, nace el día que dejé de ver los problemas de Chihuahua como algo ajeno y empecé a sentirlos como algo mío.
Ahí entendí que Chihuahua no se cambia desde la queja. Se cambia desde la responsabilidad. Y que participar, escuchar, decidir y asumir lo que a uno le toca también es una forma de servir.
La política, bien entendida, no es un puesto. Es decir: aquí vivo, aquí está mi gente, esto me importa y algo tengo que aportar.
SE. De niño, de pequeño, ¿qué era lo que más disfrutabas?
CJM. Lo que más disfrutaba era estar cerca de la gente. La conversación, la calle, la familia.
Me gustaba observar y preguntar. Uno de niño no le pone nombre, pero ahí aprendes a leer a las personas: cuándo alguien está contento, cuándo está preocupado, cuándo nada más necesita que lo escuchen. Sin saberlo, ahí empecé a hacer algo que hasta hoy considero esencial: escuchar y estar presente.
SE. ¿Qué odiabas de niño? ¿Qué era lo que no disfrutabas?
CJM. La injusticia. Y sé que suena grande dicho de un niño, pero todos los niños saben perfecto cuándo algo no es parejo, cuándo alguien abusa, cuándo a alguien lo dejan fuera. Eso a mí me pesaba mucho.
Con los años, esa molestia se volvió convicción. Y no fue casualidad que haya dedicado buena parte de mi vida a servir desde donde se defiende a la gente y se hace valer la ley. La autoridad tiene sentido cuando protege a quien no tiene cómo defenderse, no cuando administra la injusticia.
SE. ¿Cómo te decían de niño? ¿De cariño, de apodo?
CJM. Más que el apodo, lo que uno recuerda es cómo lo hacían sentir, yo recuerdo esa parte de mi infancia con mucho afecto: familia, cercanía, casa, eso es lo que se queda. No tanto cómo te decían, sino quiénes estaban ahí y cómo te hicieron sentir.
SE. Imagina que tienes enfrente al César Jáuregui de niño, de 8 o 9 años. ¿Qué le dirías?
CJM. Le diría: no tengas prisa, pero tampoco tengas miedo. Que va a haber días muy buenos y días muy difíciles. Que vas a equivocarte, como todos, pero que nunca dejes de mirar a la gente de frente. Le diría que cuide a su familia, que escuche más de lo que habla y que no deje que la vida pública le quite lo más importante: seguir siendo persona. Y le diría una cosa más: Vale la pena servir, aunque cueste.
SE. Ese pequeño de 8 o 9 años, ¿qué quiere para Chihuahua?
CJM. Ese niño quiere algo muy simple: poder salir a jugar sin que su mamá esté preocupada. Quiere una ciudad donde los niños caminen a la escuela tranquilos, donde la familia esté en paz, donde uno diga “soy de Chihuahua” con orgullo.
A esa edad uno no sabe de presupuestos ni de planes de gobierno, pero sabe lo esencial: quiere que su casa, su calle y su colonia estén bien. y la verdad, eso no ha cambiado tanto.
SE. ¿Y el político que eres hoy qué quiere para Chihuahua?
CJM. Curiosamente, quiere algo muy parecido a lo que quería ese niño, nada más que ahora entiendo mejor cómo se construye.
Quiero un Chihuahua donde las familias puedan vivir tranquilas, donde la seguridad no sea un discurso, sino algo que se sienta al salir de tu casa; donde la autoridad escuche, atienda y resuelva, sin que el ciudadano tenga que rogar por lo básico.
Un Chihuahua donde el esfuerzo de la gente rinda: el de las mujeres que sostienen su casa, el de los jóvenes que buscan futuro, el de quienes se la juegan todos los días. Ese niño quería que su calle y su colonia estuvieran bien. Hoy quiero que esa tranquilidad se sienta en toda la ciudad. Esa es la diferencia entre soñarlo y saber que se construye todos los días.
SE. La política es muy desgastante para quienes la ejercen, y muchas veces cobra facturas caras en la salud, en la familia, en las amistades. ¿Cómo está Jáuregui en ese sentido? ¿Cómo te sientes?
CJM. Estoy en paz; y lo digo con honestidad, porque la política sí cobra facturas: tiempo con la familia, momentos que no vuelven, tranquilidad, sería falso decir que no pesa. Pero yo no llego a esta etapa desgastado. Llego con oficio y con claridad; sé lo que he vivido, sé lo que aprendí y sé también lo que debo mejorar. Hoy valoro mejor el tiempo, la familia, la salud y a la gente que estuvo cerca en lo difícil.
¿Cómo me siento? Fuerte y agradecido, don ganas de seguir sirviendo, pero no desde la prisa ni desde la soberbia: desde la experiencia. Porque uno no puede pedirle confianza a la gente si primero no está en paz consigo mismo y yo lo estoy.
SE. ¿Cuál crees que sea tu mejor virtud para asumir una responsabilidad pública en Chihuahua?
CJM. Creo que mi mejor virtud es que sé escuchar, pero también sé tomar decisiones
Las dos cosas son importantes, escuchar sin resolver se vuelve simulación y decidir sin escuchar se vuelve soberbia.
Yo creo en un servicio público cercano, que entienda lo que la gente vive todos los días, pero también con carácter, que no le saque la vuelta a los problemas.
Chihuahua necesita sensibilidad, sí, pero también orden, oficio y capacidad de ejecución.
Y si algo me ha enseñado la vida pública es eso: servir no es quedar bien con todos. Servir es actuar con responsabilidad, resolver lo que se puede resolver y responderle a la gente de frente.
SE. Tu experiencia y trayectoria en los cargos públicos es muy amplia. De todo eso, ¿cuál es la enseñanza más grande que has tenido? ¿Con qué te quedas?
CJM. Me quedo con una enseñanza muy clara: ningún cargo vale más que la confianza de la gente.
Los cargos pasan. Las oficinas se dejan. Los nombramientos terminan, pero lo que permanece es cómo trataste a las personas, si diste la cara, si atendiste, si fuiste justo, si cumpliste tu palabra; también aprendí que el poder no es propiedad de nadie. Es una responsabilidad temporal. Se tiene por un tiempo y se debe usar para servir, no para servirse.
Con eso me quedo, con la certeza de que la política solo tiene sentido cuando mejora la vida de alguien. Si no sirve para eso, entonces no sirve.
SE ¿Qué significó para ti lo ocurrido el 19 de abril en El Pinal?
CJM. Fue un episodio grave, que exigió prudencia, responsabilidad institucional y respeto absoluto a la ley, también fue un momento que me puso a prueba, en lo personal y en lo público. Cuando se viven situaciones así, uno tiene dos caminos: reaccionar desde el enojo o actuar con serenidad. Yo elegí actuar con serenidad, con respeto a la ley y con altura.
No convertí ese momento en pleito personal. No lo usé para victimizarme. No lo asumí como pretexto para dividir, Lo tomé como lo que fue: una prueba más de carácter.
En la vida pública hay momentos duros, y ahí es donde se ve de qué está hecho uno, yo estoy tranquilo, he actuado con responsabilidad y con la ley por delante, y sigo convencido de que Chihuahua necesita seriedad, no ruido; instituciones fuertes, no pleitos personales.
SE. ¿Qué viene para Chihuahua en la visión de César Jáuregui?
CJM. Chihuahua tiene con qué, y quienes vivimos aquí lo sabemos: hay empuje, hay talento y hay rumbo. Pero el reto no es presumir lo que ya se logró, el reto es trabajar para que ese bienestar llegue a todos: a cada colonia y a cada familia, sin distinción.
El éxito de nuestra capital no puede quedarse en unos cuantos ni en unas cuantas zonas; tiene que sentirse en el norte, en el sur y en el centro. Por eso el trabajo no se detiene, al contrario, debe fortalecerse todos los días.
¿Que si estoy preparado para aportar?
Por Chihuahua, siempre listo.
