La visita del presidente surcoreano Lee Jae-myung a México dejó 17 acuerdos y una agenda que va mucho más allá de la diplomacia. El verdadero movimiento está en las cadenas de suministro, la electromovilidad, la inteligencia artificial, el sector aeroespacial y la posibilidad de reactivar un acuerdo comercial que lleva años pendiente.
Por Ana Paula Kiyama
La fotografía de Claudia Sheinbaum y Lee Jae-myung en Palacio Nacional puede parecer el cierre protocolario de una visita de Estado. Para el sector empresarial, sin embargo, representa otra cosa: el intento de convertir una relación comercial que ya mueve miles de millones de dólares en una plataforma industrial todavía más profunda.
México y Corea del Sur firmaron el Plan de Acción Conjunto México-Corea 2026-2030, acompañado por 17 memorandos de entendimiento y otros documentos de cooperación en áreas que van desde comercio, propiedad intelectual y aduanas hasta inteligencia artificial, espacio, defensa, agricultura, educación, turismo y cultura.
El documento funciona como una hoja de ruta para los próximos años, pero el interés empresarial está en lo que puede ocurrir después de la firma.
Porque México y Corea ya tienen una relación industrial importante. Lo que ahora buscan es hacerla más sofisticada.
El dato que explica por qué importa
En 2025, México exportó a Corea del Sur alrededor de 6,596 millones de dólares e importó cerca de 23,070 millones, de acuerdo con cifras de comercio citadas con datos de Banxico.
La diferencia dejó un déficit comercial mexicano de aproximadamente 16,474 millones de dólares. Dicho de otra manera: por cada dólar que México vendió a Corea, compró alrededor de 3.5 dólares.
La pregunta empresarial es qué puede cambiar esa ecuación.
Una de las respuestas está en producir en México una mayor cantidad de los bienes que hoy llegan desde Corea.
Y ahí entra el modelo de inversión que ya está tomando forma.
De Corea a Nuevo León: el caso Kia
En julio, Kia anunció una inversión de 649 millones de dólares para ampliar su operación en Pesquería, Nuevo León, y producir el vehículo eléctrico EV3.
El proyecto contempla una nueva línea de producción, infraestructura de carga, un parque solar de 2 megawatts y una planta de tratamiento de agua. La inversión está programada para desarrollarse entre 2026 y 2028 y se estima que genere 500 nuevos empleos este año y llegue a 1,500 hacia 2030.
El dato relevante no es solamente cuánto dinero entra.
Es qué se empieza a fabricar en México.
El EV3 era producido en Corea del Sur. Ahora parte de esa capacidad industrial se instala en Nuevo León, convirtiendo a México en un punto de producción y exportación para la electromovilidad.
Para las empresas mexicanas, eso abre otra pregunta: ¿cuántos proveedores nacionales pueden integrarse a esas cadenas?
La propia administración federal ha señalado como objetivo facilitar la incorporación de micro, pequeñas y medianas empresas mexicanas a las cadenas de proveeduría de compañías coreanas establecidas en el país.
El acuerdo que no llegó a la foto: el TLC
Aquí está uno de los temas más importantes de la visita.
México y Corea del Sur no tienen actualmente un Tratado de Libre Comercio bilateral.
Las negociaciones comenzaron en la década de 2000 y se estancaron en 2008, principalmente ante la oposición de sectores industriales mexicanos y diferencias sobre las condiciones de apertura. En 2022 ambos gobiernos acordaron reanudar el diálogo, aunque las negociaciones formales no han avanzado al punto de concretar un tratado.
En agosto de 2026, el canciller mexicano Roberto Velasco Álvarez confirmó que México pretendía continuar el diálogo comercial con Corea del Sur.
Y durante su visita a México, Lee volvió a colocar el tema sobre la mesa.
La razón es sencilla: el comercio ya existe. Lo que falta es un marco comercial que acompañe la escala de la relación.
Los aranceles cambiaron el tablero
Desde este año, México incrementó aranceles de entre 5% y 50% a más de 1,400 productos provenientes de países con los que no tiene tratados comerciales, entre ellos Corea del Sur.
Las medidas alcanzan sectores como autopartes, electrodomésticos y textiles.
Esto cambia los incentivos para las compañías coreanas.
Si importar desde Corea resulta más costoso, una alternativa es producir dentro de México.
Ese fenómeno puede terminar convirtiéndose en una ventaja para la manufactura mexicana, siempre que la inversión extranjera se traduzca también en mayor contenido nacional, proveedores locales, transferencia tecnológica y empleos especializados.
El caso Kia muestra precisamente esa lógica.
Los 100 millones de dólares que pueden mover negocios
Otro de los acuerdos tiene una dimensión mucho más inmediata para las empresas.
México y Corea establecieron un fondo o línea de crédito interbancaria por 100 millones de dólares, mediante sus respectivos bancos de exportación e importación.
El mecanismo busca facilitar financiamiento a empresas mexicanas que compren bienes y servicios de compañías coreanas, así como apoyar a empresas coreanas que inviertan en México.
Todavía será necesario conocer los detalles operativos: empresas elegibles, condiciones, intermediarios, tasas y mecanismos de acceso.
Pero el mensaje es claro: la relación comercial no solamente quiere crecer; también busca crear instrumentos financieros para facilitarla.
Del automóvil al avión
La agenda tampoco terminó en las plantas automotrices.
Uno de los memorandos firmados contempla cooperación en la industria aeroespacial.
Korea Aerospace Industries, KAI, y POSCO International acordaron trabajar con la industria aeroespacial mexicana en áreas relacionadas con operación y mantenimiento de plataformas como el FA-50, vehículos aéreos no tripulados y satélites, además de explorar cadenas de suministro locales.
El FA-50 también aparece en la conversación sobre la modernización de la Fuerza Aérea Mexicana.
Lee planteó que una eventual cooperación podría evolucionar hacia transferencia tecnológica y producción local.
Eso no significa que México haya decidido comprar el FA-50 ni que exista ya una planta mexicana para producirlo.
Lo que existe es un marco de cooperación y conversaciones posteriores que podrían abrir la puerta a proyectos industriales más amplios.
Para el sector aeroespacial mexicano, ese matiz es importante.
IA, semiconductores y tecnología: la parte menos visible
La otra gran apuesta está en sectores que no necesariamente aparecen en las cifras tradicionales de comercio.
México y Corea acordaron profundizar la cooperación en inteligencia artificial, tecnología digital, semiconductores, espacio y cadenas de suministro.
La lógica planteada por ambos gobiernos es combinar capacidades: Corea aporta experiencia tecnológica e industrial en sectores avanzados, mientras México ofrece capacidad manufacturera, talento y acceso a los mercados de Norteamérica.
Es justamente ahí donde la relación puede dejar de ser solamente una historia de importaciones coreanas y convertirse en una historia de producción conjunta.
Una frontera económica que también importa para México
Para las empresas mexicanas, particularmente las manufactureras, el tema no se limita a Corea.
México funciona como plataforma hacia Norteamérica.
Por eso, cualquier inversión coreana instalada en territorio mexicano debe leerse también desde la lógica del T-MEC.
Las compañías coreanas tienen incentivos para producir más cerca de sus mercados norteamericanos y, al mismo tiempo, aumentar el contenido regional de sus productos.
Eso puede generar oportunidades para proveedores mexicanos de autopartes, electrónica, maquinaria, logística, servicios industriales, software, empaques, mantenimiento y manufactura especializada.
La oportunidad, sin embargo, no aparece automáticamente.
Requiere que las empresas mexicanas puedan cumplir estándares de calidad, volumen, certificación, financiamiento y tiempos de entrega de las grandes compañías internacionales.
¿Qué cambia para las empresas mexicanas?
La visita de Lee deja cinco señales que vale la pena seguir:
1. Más inversión coreana.
La relación puede desplazarse de la importación de productos terminados hacia una mayor producción en México.
2. Más oportunidades para proveedores.
El gobierno mexicano busca incorporar a PyMEs nacionales a las cadenas de suministro de compañías coreanas instaladas en el país.
3. Más presión sobre los costos de importación.
Los aranceles aplicados a países sin TLC pueden acelerar decisiones de localización de producción.
4. Más tecnología.
IA, semiconductores, electromovilidad, aeroespacial y defensa aparecen como sectores estratégicos de cooperación.
5. El TLC vuelve a la conversación.
No está firmado, ni existe todavía un calendario que garantice su conclusión. Pero ambos gobiernos han colocado nuevamente el acuerdo comercial dentro de la agenda bilateral.
La verdadera apuesta
Más que una lista de 17 documentos, lo ocurrido esta semana plantea una pregunta de fondo:
¿Puede México convertir su relación con Corea del Sur en una plataforma de mayor valor agregado para la industria nacional?
La respuesta dependerá menos de las fotografías de Palacio Nacional y más de lo que suceda en las fábricas, los parques industriales, las universidades, los centros de investigación y las cadenas de proveedores.
Kia ya está fabricando el EV3 en Nuevo León.
KAI y empresas mexicanas ya están explorando cooperación aeroespacial.
Existe una nueva línea de financiamiento de 100 millones de dólares.
Se busca integrar a PyMEs mexicanas a cadenas de suministro coreanas.
Y, mientras tanto, el posible acuerdo comercial vuelve a aparecer en el horizonte.
México-Corea 2030, entonces, no es solamente un documento diplomático. Es una apuesta por decidir qué parte de la próxima generación de manufactura, tecnología y cadenas de suministro se producirá en México.
