Por Mario Álvarez Porras
En una época donde todos pueden comunicar, pero pocos logran generar confianza, la credibilidad se ha convertido en el activo más importante de cualquier líder.
Las nuevas generaciones crecieron en un entorno donde las promesas son cuestionadas y los resultados son observados con mayor atención. Ya no basta con construir un discurso atractivo; hoy la sociedad exige congruencia entre lo que se dice y lo que se hace.
La pregunta que define a un líder moderno es sencilla, pero profunda:
¿Por qué deberíamos confiar en usted?
Con esa reflexión en mente, durante una conversación con Cruz Pérez Cuéllar, quien recientemente dejó la Presidencia Municipal de Ciudad Juárez tras solicitar licencia al cargo, durante su visita a Ciudad Camargo, decidí plantearle una sola pregunta.
No quise llevar la conversación hacia escenarios electorales, alianzas políticas o aspiraciones personales. Preferí enfocarla en una inquietud que representa a una generación que observa la política desde una nueva perspectiva:
“Hay una generación que ya no cree en los discursos, sino en los resultados. ¿Por qué un joven debería confiar en usted y no en otro proyecto político?”
La respuesta se centró en una idea fundamental: la confianza no se pide, se construye.
Pérez Cuéllar habló desde la experiencia de haber encabezado durante varios años el Gobierno Municipal de Ciudad Juárez y señaló que un gobernante debe ser evaluado por sus resultados. Hizo referencia a acciones de su administración en temas como seguridad,
Presupuesto Participativo y obras realizadas con participación ciudadana, además de reconocer que cualquier gobierno enfrenta retos que deben atenderse permanentemente.
Más allá de la valoración que cada ciudadano pueda hacer sobre una administración pública, la conversación deja una reflexión que va más allá de una persona: La forma de entender el liderazgo está cambiando.
Los jóvenes ya no entregan su confianza solamente por tradición, por una imagen o por un discurso bien construido. Comparan, investigan y cuestionan. Para ellos, la credibilidad surge cuando existe una relación clara entre las palabras y los hechos. Ese es uno de los mayores desafíos para quienes aspiran a representar a la sociedad: comprender que la autoridad no depende únicamente del cargo que se ocupa, sino de la confianza que se logra construir.
Un líder del siglo XXI necesita comunicar, pero también escuchar. Necesita plantear una visión, pero demostrar capacidad para convertirla en resultados. Necesita pedir confianza, pero estar dispuesto a rendir cuentas.
La conversación en Ciudad Camargo fue breve, pero dejó una pregunta que permanece.
No es una pregunta exclusiva para Cruz Pérez Cuéllar.
Es una pregunta que deberá responder cualquier persona que aspire a gobernar una ciudad, un estado o un país:
¿Qué has hecho para merecer la confianza de la gente?
Porque en la política y en el liderazgo moderno, la confianza no se hereda, no se exige y no se compra.
Se gana con decisiones, con responsabilidad y con resultados.
