Por el Maestro Andrés Pedroza Hay un agotamiento silencioso recorriendo las empresas mexicanas. No aparece en los reportes financieros ni en las juntas de resultados, pero se nota en todas partes: en la cara del supervisor, en el empleado que ya no propone ideas, en la secretaria que responde en automático, en el dueño que vive irritado y no recuerda la última vez que descansó de verdad. Muchas organizaciones siguen funcionando… pero funcionan cansadas. Durante años normalizamos el desgaste como símbolo de compromiso. Se admiró al trabajador que nunca se detenía, al jefe que contestaba mensajes a medianoche y al empleado…
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