“La política es el uso del poder legítimo para la consecución del bien común de la sociedad” Juan Pablo II
Por Victor Hugo Estala Banda
Si bien algunos argumentan que la religión y la política deben mantenerse completamente separadas, para los católicos, la participación en la vida pública representa no solo un derecho ciudadano, sino también una responsabilidad moral. A lo largo de más de dos milenios de historia, el compromiso de los cristianos con el mundo se ha manifestado a través de diversas formas: la evangelización y el apostolado, el servicio pastoral, la participación en movimientos y comunidades, y la acción política, entre otras. Todas estas actividades se consideran ministerios de Dios, es decir, ministerios de practicar el bien.
La participación en la vida pública constituye una dimensión fundamental de nuestro compromiso como cristianos en la sociedad. La fe católica no debe limitarse exclusivamente al ámbito privado o religioso, sino que invita a los creyentes a trabajar activamente por el bien común. Un gran sacerdote juarense el Padre Fong afirmaba que los cristianos católicos cumplen con todos sus deberes de ciudadanos. Sin embargo, también destacaba que la política es un ministerio de Dios, esencialmente comprendido como la ayuda o el servicio a los demás.
La Iglesia nos enseña que la política, cuando se ejerce con rectitud, constituye una forma elevada de caridad, ya que busca organizarnos como sociedad para promover de manera masiva el bienestar y velar siempre por los más desprotegidos, los mas necesitados, los que menos tienen. Por estas razones, estamos llamados a participar responsablemente en los servicios de nuestras comunidades, ya sea mediante el voto, el servicio público o la promoción de iniciativas que favorezcan la justicia y la dignidad humana.
El estado actual de nuestra sociedad democrática, caracterizado por un entorno de libertad genuina en diversos ámbitos de la vida pública, exige la implementación de nuevas y más amplias formas de participación ciudadana, que involucren a católicos, evangélicos y no cristianos. En efecto, todos los ciudadanos poseen la facultad de contribuir al proceso democrático mediante el ejercicio del sufragio, eligiendo a sus representantes, tales como diputados, alcaldes y gobernadores. Adicionalmente, pueden participar activamente en la formulación de políticas públicas a través de diversas organizaciones de la sociedad civil, cámaras empresariales, universidades centros de trabajo y comités vecinales, incidiendo así de manera significativa en el bien común.
El funcionamiento de un sistema político democrático resulta inconcebible sin la participación activa, responsable y generosa de todos los ciudadanos comprometidos. En la actualidad, en México, en nuestro Estado y, en particular, nuestra Ciudad, requiere ciudadanos con convicciones firmes, valores sólidos y un profundo sentido ético. Nosotros, los católicos, estamos llamados a ser protagonistas de esta urgente renovación moral de la esfera pública. Nuestra fe no debe limitarse al ámbito privado; por el contrario, debemos inspirar acciones concretas mediante nuestro ejemplo, contribuyendo a la construcción de una sociedad más justa, humana y solidaria.
El compromiso político de nosotros los católicos debe estar guiado por los valores fundamentales como la defensa de la dignidad humana, el respeto a la vida, la justicia social, la solidaridad con los más vulnerables y la búsqueda constante de la paz. Asimismo, participar en política también exige coherencia. Los católicos que intervienen en la vida pública deben actuar con ética, transparencia y responsabilidad. La corrupción, la mentira, la tranza, el abuso del poder para intereses personales y la omisión del servicio público contradicen los principios del evangelio.
La política exige valores, conciencia y personas íntegras comprometidas con el servicio público. El compromiso político de los católicos se fundamenta en nuestra responsabilidad ciudadana y en nuestra vocación cristiana de transformar el mundo conforme a los valores del Evangelio. Por consiguiente, participemos con integridad, respeto y una profunda vocación. De esta manera concreta y sencilla, podremos afirmar que estamos viviendo la fe, siempre poniendo el bien común como prioridad y buscando una sociedad más digna para todos
La fe, vivida con responsabilidad, no nos aleja como creyentes de la política, al contrario, nos invita a comprometernos con la transformación de nuestra sociedad a la luz de los valores del Evangelio.
Hagamos pues de este ejercicio un ejemplo de ciudadanía responsable, de ciudadanía activa. Nuestra ciudad y nuestro estado nos necesitan….
Victor Hugo Estala Banda
