Por el Maestro Andrés Pedroza
Hay un agotamiento silencioso recorriendo las empresas mexicanas. No aparece en los reportes financieros ni en las juntas de resultados, pero se nota en todas partes: en la cara del supervisor, en el empleado que ya no propone ideas, en la secretaria que responde en automático, en el dueño que vive irritado y no recuerda la última vez que descansó de verdad.
Muchas organizaciones siguen funcionando… pero funcionan cansadas.
Durante años normalizamos el desgaste como símbolo de compromiso. Se admiró al trabajador que nunca se detenía, al jefe que contestaba mensajes a medianoche y al empleado que presumía no haber tomado vacaciones en años. Confundimos productividad con agotamiento.
El problema es que el cansancio sostenido termina convirtiéndose en un problema operativo.
Una persona agotada se equivoca más. Escucha menos. Tolera menos. Atiende peor. Pierde creatividad. Se vuelve indiferente. Y cuando eso ocurre de manera colectiva, la empresa entera comienza a deteriorarse desde dentro.
La Norma Oficial Mexicana NOM-035-STPS-2018 reconoce precisamente eso: que los factores de riesgo psicosocial afectan la salud de las personas y el funcionamiento de las organizaciones. Jornadas excesivas, mala comunicación, liderazgo negativo, presión constante y ambientes hostiles terminan pasando factura. NOM-035-STPS-2018 (STPS)
Pero el verdadero problema no es legal. Es humano.
Muchas empresas están llenas de personas que sobreviven la jornada, no que la viven. Gente que llega cansada desde antes de empezar el día. Equipos donde nadie habla realmente porque todos están demasiado saturados para involucrarse emocionalmente.
Y lo más preocupante es que algunos líderes ya ni siquiera notan el desgaste porque ellos mismos viven dentro de él.
Descansar no es un premio. Es una necesidad operativa. Un equipo agotado no puede innovar, atender bien ni sostener relaciones sanas con clientes y compañeros. Tarde o temprano, el cansancio termina convirtiéndose en rotación, errores, ausentismo y pérdida de talento.
Quizá la gran crisis de muchas empresas no sea financiera. Quizá simplemente están demasiado cansadas para funcionar bien.
Y ninguna organización puede crecer de manera saludable cuando las personas que la sostienen viven permanentemente exhaustas.
Maestro Andrés Pedroza
