Por Jackie Ojeda
El Internet de las Cosas o IoT, se refiere a esos dispositivos físicos —sensores, máquinas, actuadores, equipos industriales— que están conectados a redes, recogen datos, los envían o reciben y permiten que el mundo físico se integre al mundo digital.
En la industria, esta transformación se conoce como IIoT (Internet de las Cosas Industrial), y su valor radica en que permite, entre otras cosas, mantenimiento predictivo, automatización de procesos, optimización de energía y visibilidad en la cadena de suministro.
Asimismo, la optimización energética es otro beneficio clave: en instalaciones industriales, los sensores de IoT permiten controlar iluminación, ventilación y maquinaria en función del uso real, lo que puede representar ahorros importantes.
Para las empresas mexicanas, adoptar IoT representa una doble oportunidad: incrementar competitividad y sumarse a la transformación digital industrial global. Sin embargo, no se trata solo de “conectar sensores” y listo. Se requieren tres elementos: una infraestructura adecuada (comunicaciones, edge computing, plataformas) que soporte una operación sólida; una estrategia de datos: qué datos recojo, cómo los analizo y qué decisiones tomaré con ellos; además de gobernanza y seguridad, ya que a medida que se conecta la planta, los riesgos de ciberseguridad y operativos aumentan. Por ejemplo, los reportes recientes indican que la seguridad en IoT será un foco creciente en 2025.
En conclusión, el Internet de las Cosas ya pasó de ser una promesa a una herramienta real que transforma la industria. En México, donde la industria manufacturera y la cadena de suministro juegan un papel importante, la adopción de IoT puede convertirse en un diferenciador estratégico. Para los líderes de tecnología y negocio, la pregunta ya no es si usar IoT, sino cómo hacerlo con visión, objetivos claros, datos sólidos y seguridad. La era de la conectividad físico-digital industrial ya está aquí —y conviene estar listo para aprovecharla.
Por Jackie Ojeda

