¡Un gran líder se conoce, se controla y se conecta!
Por Raúl Kiyama Rodríguez
Todos hemos leído y tomado muchos cursos, seminarios y ponencias enfocados en el liderazgo y en cómo influir en otras personas para alcanzar objetivos y metas. Lamentablemente, nos hemos olvidado de una parte fundamental: los líderes también son seres humanos, y es en ese privilegio de ser humanos donde podemos cometer errores que, como líderes, pueden causar grandes daños.
Para tratar de englobar esto en una sencilla frase, diríamos:
«El liderazgo no se trata de lo que logras a través de otras personas, sino de saber cómo las haces sentir mientras ellas lo logran».
El líder, obviamente, se ve abrumado por la responsabilidad de su puesto. Ese agobio se ramifica en un montón de emociones que, en ocasiones, resumimos como estrés. Sin embargo, en esa palabra hay muchas otras emociones: frustración, miedo, desilusión, desesperación, ansiedad y rasgos que aparecen en forma de coraje, con sus toques de ira, para no ser tan drásticos.
Cuando estas emociones se apoderan del líder, pueden pasar muchas cosas que echen por la borda meses de arduo trabajo.
La gran pregunta es: ¿Cómo controlo mis emociones?
¿Qué les parece si empezamos rompiendo algunas frases que se fijaron como creencias limitantes desde nuestra infancia?
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Yo soy de mecha corta, ya me conoces
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Esta es mi forma de ser, soy de carácter fuerte
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Chango viejo no aprende maroma nueva
Frases que son propias de una cultura y una idiosincrasia en las que nacimos y crecimos. Si se dan cuenta, en algunos países orientales al anciano se le venera por sabio, y su máxima sabiduría radica en que, con los años, se hizo tolerante, aprendió a fluir y se dio cuenta de que no puedes desgastar tu energía tratando de cambiar lo que no va a cambiar. Mientras tanto, en nuestra cultura, a mayor edad, menor tolerancia.
Respecto al «yo soy de carácter fuerte», es otro gran engaño. El carácter, en esencia, es la herramienta que tienes para dominar un temperamento inapropiado, así que lo correcto sería decir: «Me falta carácter para dominar mis emociones».
Y ahora sí, como diría el Chapulín Colorado: ¿Quién podrá defendernos?
Obviamente, nosotros mismos. Debemos iniciar una etapa de renacer, de reencuentro y de crecimiento emocional. Todos sabemos hoy que el éxito no depende del IQ, sino, en mayor medida, de la IE (inteligencia emocional) con la que enfrentas el mundo.
Como esto no es un libro ni pretende serlo, tratemos de resumir algunas premisas, consejos o pasos para ir avanzando.
Reconozcamos que todo nace con una percepción: siempre hay algo que llega a nuestra cabeza por medio de los cinco sentidos, y empezamos con supuestos que damos por reales: «Se me hace que no le caigo bien», «Me volteó la cara», «Me ignoró en la junta», «No me respeta» y una lista interminable de etcéteras.
Cuando una percepción es recibida, nuestro cerebro la convierte en pensamiento; el pensamiento, en emoción; la emoción, en sentimiento, y el sentimiento, en acción.
Lo más peligroso es que el cerebro pasa las emociones a dos órganos: el hígado y el estómago. Lo sabemos porque hacemos corajes que nos dan dolor de panza y hasta vómito. Pero estos dos órganos a veces no pueden con esta carga y la mandan a sacar de inmediato del cuerpo. Sin embargo, no la pasan al cerebro, sino que la mandan directamente a la boca.
Es en ese momento cuando decimos cosas que no sentimos, que lastiman, que laceran, que destruyen y que afectan toda relación personal, de trabajo y de familia.
Por elemental lógica, lo único que podemos cambiar no es la emoción inicial, sino el pensamiento. Si lo modificas con empatía y tratas de comprender, vas a modificar un sentimiento que puede pasar del rencor a la compasión y, obviamente, la reacción será diametralmente diferente.
Con la idea de meternos en materia, enlistaremos una especie de pasos o premisas que nos apoyen en este reto:
1. Conócete a ti mismo
No te mientas, dite la verdad. A otros les puedes responder «muy bien» cuando te preguntan «¿Cómo estás?», pero dite a ti mismo la verdad sobre la emoción que estás viviendo: «Estoy frustrado», «Estoy molesto», «Estoy decepcionado».
Ten la valentía de reconocer la emoción que estás viviendo y qué la ha provocado. El solo hecho de reconocerla y no negarla te hará sentirte mejor.
2. Gestiona tus emociones
Aprende a controlar lo que sientes. La calma siempre será mejor consejera en la toma de decisiones.
3. Cultiva la empatía
Es más, llévala a otro nivel: sé co-empático. Realmente siente desde la perspectiva de la otra persona. Esto aumentará tu comprensión y fortalecerá tu liderazgo.
4. No seas un termómetro, sé un termostato
Tú eres el líder. El termómetro se limita a tomar la temperatura; el termostato la toma y la regula.
¿Cuántas veces llegas de buen ánimo, pero el ambiente o las circunstancias son adversas y te contagias de ellas? Eso es ser un termómetro. Cambia, regula el clima.
5. Piensa antes de actuar
¡Qué fácil decirlo! ¿Cómo hacerlo?
A veces basta con técnicas como llevar tu mano a la frente. La corteza prefrontal es tu cerebro pensante; en esa corteza no hay emociones. Pon sutilmente tu mano en la frente y respira al menos tres veces. Tú vas a notar el cambio.
6. Comunica con energía y sin lastimar
Siempre vas a recordar a la gente por cómo te hizo sentir.
Para reforzar por qué la inteligencia emocional es una parte básica y fundamental del liderazgo, veamos algunas frases que pueden decir mucho por sí solas, y más aún al leerlas con el ego apagado y entre líneas:
- El líder no es el que controla a los demás, sino quien primero aprende a gobernarse a sí mismo.
- El buen líder no es el que apaga incendios todos los días, sino quien es capaz de desarrollar, con amor, empatía y asertividad, personas capaces de prevenir incendios.
- Un buen líder escucha con atención, responde sin dejarse llevar por las emociones y actúa con un claro propósito.
- Un líder no puede controlar lo que sucede, pero siempre sabrá controlar cómo responde y actúa ante lo que sucede.
- La autoridad construye obediencia; la inteligencia emocional construye compromiso.
El líder ZAFO
Hay un estilo de liderazgo conocido como el líder ZAFO, que indica que se le conoce como el líder que:
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Zanja
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Tiene Autocontrol
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Fortalece al equipo
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Orienta con inteligencia emocional
La única palabra que demanda ser definida es zanjar, que se refiere a resolver de manera clara, oportuna y madura problemas y conflictos, evitando contaminarse de la temperatura del ambiente. De nuevo: ser un termostato y no un simple termómetro.
Por Raúl Kiyama Rodríguez
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