Por Ana Paula Kiyama | México
Durante décadas, cargar gasolina en México implicaba una escena casi ritual: el despachador acercándose al vehículo, preguntando “¿de cuánto le pongo?”, limpiando el parabrisas y esperando una propina. Sin embargo, esa figura comienza a desaparecer lentamente en distintas regiones del país ante el crecimiento de estaciones automatizadas y modelos de autoservicio.
Aunque en México todavía predominan las gasolineras con personal, especialmente las afiliadas a Pemex, el mercado energético abierto tras la reforma de 2013 permitió la entrada de nuevas marcas y modelos operativos más automatizados.
El modelo “self-service” ya está en México
En estados fronterizos y ciudades con fuerte influencia estadounidense, algunas estaciones ya operan bajo esquemas donde el conductor paga directamente en terminales digitales y despacha su propio combustible. Este modelo, común en Estados Unidos y Europa, busca reducir costos operativos y acelerar tiempos de servicio.
Marcas internacionales como Mobil México, ARCO México y otras cadenas privadas han impulsado estaciones con mayor digitalización, pagos automatizados y aplicaciones móviles para facturación y recompensas.
En Europa, cadenas como Petroprix ya operan sin personal en sitio, utilizando terminales electrónicas y monitoreo remoto para ofrecer combustible más barato gracias a la reducción de costos laborales.
¿Por qué desaparecen los despachadores?
Expertos del sector energético señalan varios factores:
- Automatización de pagos y facturación.
- Reducción de costos operativos.
- Mayor presión competitiva entre marcas.
- Consumidores acostumbrados al autoservicio.
- Integración de apps y terminales inteligentes.
- Expansión de estaciones “low cost”.
Además, la llegada de tecnologías de inteligencia artificial y monitoreo remoto permite supervisar bombas, inventarios y cobros sin necesidad de tanto personal presencial.
El impacto laboral preocupa
La transformación preocupa especialmente porque miles de familias dependen de este oficio. En México, los despachadores no solo cargan combustible; también revisan niveles, limpian parabrisas, orientan al cliente y generan ingresos adicionales mediante propinas.
En otros países, la automatización provocó una caída importante del empleo en estaciones de servicio. Brasil, por ejemplo, prohibió legalmente el autoservicio para proteger cientos de miles de empleos del sector gasolinero.
México aún no discute una regulación similar a nivel nacional, pero sindicatos y trabajadores ya observan con preocupación el avance de estaciones automatizadas, especialmente en zonas urbanas y corredores industriales.
La experiencia mexicana todavía resiste
A diferencia de Estados Unidos, donde el autoservicio es la norma, el consumidor mexicano sigue valorando la atención humana. Muchos usuarios consideran importante:
- recibir ayuda,
- verificar litros completos,
- pedir revisión rápida del auto,
- y evitar bajar del vehículo.
Incluso algunas gasolineras mejor calificadas en plataformas digitales destacan precisamente por “el buen servicio del personal” y “la rapidez de los despachadores”.
El futuro: menos despachadores, más tecnología
La industria energética mexicana parece dirigirse hacia un modelo híbrido:
- estaciones premium con atención personalizada,
- y estaciones automatizadas enfocadas en velocidad y bajo costo.
La gran pregunta es si México logrará equilibrar innovación tecnológica y protección laboral en un sector que todavía emplea a miles de trabajadores en todo el país.
Porque detrás de cada bomba de gasolina no solo hay combustible: también hay empleos, propinas, historias y una de las profesiones más visibles de la vida cotidiana mexicana.
