Por Victor Hugo Estala Banda
La política en Juarez no necesita más poder, necesita más humanidad
El humanismo político se presenta como una perspectiva ética, cultural y filosófica que orienta la vida pública hacia el respeto y el desarrollo integral del individuo. Esta doctrina establece que el ser humano posee un valor intrínseco y autónomo, rechazando su instrumentalización por parte de partidos políticos o gobiernos. Su objetivo primordial radica en promover el bien común y la justicia social, situando al individuo como el origen y el fin de la interacción ciudadana en el ámbito político.
Esta corriente reconoce tanto al individuo como a la sociedad, buscando que las acciones gubernamentales se orienten al bienestar colectivo. Sus raíces filosóficas se encuentran en pensadores como Aristóteles y Santo Tomás de Aquino, y han sido impulsadas por líderes como Don Efraín González Luna, quien enfatiza la importancia de una cultura comprometida con la construcción de una conciencia nacional.
En los últimos años, en <Ciudad Juárez>, la política ha enfrentado no solo una crisis de resultados, sino también una pérdida del sentido humano. Es imperativo recordar que cada decisión pública impacta la vida de personas concretas, con historia y dignidad. Para quienes valoran el bien común, esta situación exige una respuesta responsable y comprometida.
La dignidad de cada individuo constituye un principio fundamental e inquebrantable. La humanización de la política representa una imperiosa obligación ética, y un gobierno eficaz resulta inconcebible si se descuida la dimensión humana, se toleran deficiencias en los servicios públicos, una ciudad cada vez más caótica, plagada de baches, mal planeada y con una tolerancia a la corrupción inimaginable. En una ciudad caracterizada por su resiliencia, eventos como la Masacre de Villas de Salvárcar, el incendio en la estación migratoria, los feminicidios, la intensificación de actos violentos y el deterioro de la seguridad nos imponen la imperiosa necesidad de asumir la responsabilidad y fomentar el cuidado mutuo.
El deterioro de los partidos políticos en México es el resultado de un proceso gradual de desgaste de su credibilidad, identidad y vínculo con la ciudadanía. Hoy, más que representar causas o proyectos de país, muchos partidos son percibidos como estructuras enfocadas en la conservación del poder. A este deterioro se suma el desgaste ocasionado por la corrupción y los escándalos. Durante décadas, distintos partidos han estado involucrados en casos que afectan su credibilidad, lo que ha provocado que la política se asocie más con intereses personales que con el bien común, alimentando el desencanto social.
Otro elemento relevante es la desconexión con la ciudadanía. Las dirigencias partidistas suelen tomar decisiones desde el centro del país, sin comprender del todo las realidades locales. En nuestra querida ciudad, esto se percibe con claridad: candidatos impuestos, campañas alejadas de los problemas reales y una presencia limitada fuera de los periodos electorales. El ciudadano siente que solo es considerado cuando hay votos de por medio.
El compromiso social se manifiesta mediante acciones concretas: la provisión de asistencia a los más necesitados, el apoyo a quienes sufren, la defensa de los vulnerables y la participación activa en la mejora de nuestro entorno. En el ámbito político, esto se traduce en la toma de decisiones que prioricen a las comunidades desprovistas de servicios, a las familias afectadas por la inseguridad y a los migrantes que buscan oportunidades en la frontera.
La política debe reconocer a las personas como protagonistas, no como meras cifras o problemas logísticos. Los principios de la Doctrina Social de la Iglesia –bien común, solidaridad y subsidiariedad– constituyen directrices claras para la acción política. Gobernar con la visión de todos, especialmente de los más vulnerables, representa un imperativo fundamental.
La transformación social trasciende la acción de gobernantes o partidos políticos, requiriendo la participación activa y responsable de la ciudadanía. Es imperativo construir comunidad, exigir con respeto y rechazar la cultura de la división. La política debe ser concebida como un espacio de encuentro y colaboración.
Humanizar la política en Ciudad Juárez implica una transición del individualismo al servicio, de la indiferencia al compromiso y del distanciamiento al cuidado del prójimo. Debemos promover conjuntamente los valores de libertad, solidaridad, equidad, responsabilidad y justicia, colocando a la persona como eje central de la acción política.
Por lo tanto, instamos a todos los ciudadanos de bien a humanizar la política, a que sea realmente un instrumento al servicio de la gente; esto constituye una necesidad urgente. Humanizar la política es el camino hacia una sociedad más justa.
Por Victor Hugo Estala Banda
