Por Ana Paula Kiyama
Un salto hacia la era digital
El rediseño de la Ley Aduanera y de la Ley de los Impuestos Generales de Importación y Exportación forma parte del plan federal de modernización integral de aduanas. Entre sus ejes destacan la creación del expediente electrónico único, la incorporación de tecnología de videovigilancia y trazabilidad digital, y una mayor fiscalización para combatir la evasión, el contrabando y la subvaluación comercial.
De acuerdo con la Secretaría de Hacienda, el nuevo modelo permitirá agilizar los procesos de importación y exportación, reducir la discrecionalidad y reforzar la recaudación. La reforma también responde a presiones internacionales —particularmente de Estados Unidos— para garantizar el cumplimiento del T-MEC y fortalecer la trazabilidad de las mercancías dentro de Norteamérica.
“México busca colocarse a la altura de los estándares internacionales, modernizando sus aduanas con tecnología y transparencia”, aseguró Olga Sosa, senadora y presidenta de la Comisión de Hacienda.
Los temores del sector privado
Sin embargo, la medida ha generado inquietud entre empresarios y especialistas. La International Chamber of Commerce México (ICC) y la Coparmex reconocen los avances en materia digital, pero advierten que la implementación careció de diálogo con el sector privado y que varios artículos imponen sobrerregulación y cargas excesivas a los agentes aduanales.
“Cada hora adicional que una carga espera en aduana se traduce en mayores costos por transporte, almacenamiento y producción”, explicó Juan Francisco Torres Landa, socio de Hogan Lovells. “Una buena idea puede volverse contraproducente si no se ejecuta con realismo operativo.”
Impacto en las cadenas de suministro
El nuevo marco normativo busca fortalecer la región de Norteamérica, incentivando la relocalización de cadenas de suministro (nearshoring). No obstante, el énfasis en la fiscalización podría complicar las operaciones con países fuera del T-MEC, como China e India, de donde México importa una gran cantidad de insumos industriales.
A nivel logístico, los expertos advierten que una mayor rigidez podría ralentizar el despacho de mercancías y disminuir el atractivo de México frente a otros países que compiten por inversiones derivadas del nearshoring.
Modernización sí, pero con equilibrio
La reforma aduanera mexicana refleja un dilema clásico: cómo equilibrar control y competitividad. Si la transición se implementa con planeación, capacitación y diálogo, podría impulsar al país hacia un comercio más seguro, eficiente y tecnológicamente avanzado. Pero si prevalece la sobre-regulación y la falta de claridad, México corre el riesgo de frenar justo la agilidad que necesita para aprovechar la reconfiguración global de las cadenas productivas.
Para las autoridades, el desafío está en convertir el discurso de modernización en una realidad funcional; para las empresas, el reto será adaptarse sin perder velocidad ni rentabilidad.
Lo cierto es que la frontera entre control y congestión es tan delgada como una línea de código en el nuevo sistema digital de aduanas mexicanas.

